Rasgueo Diario

Rasgueos de baladas cristianas para guitarra que suenan bien en el coro

Un rasgueo suena más completo cuantos más golpes de púa tiene, o eso cree casi todo principiante de guitarra cristiana antes de tocar frente a un coro. Yo tardé bastante en soltarla. Llevo un par de años acompañando la música de iglesia con una guitarra acústica barata, y sigo sin considerarme guitarrista — solo un hombre que aprendió a fuerza de rasgueos básicos y de equivocarse enfrente de la gente que canta.

El error que casi todos cometemos al acompañar una balada

La creencia más común, con la que yo empecé, es que un buen acompañamiento tiene que sonar ocupado, que cada tiempo del compás necesita su propio golpe de cuerda para no sentirse vacío. No sirve, al menos no para las baladas que se cantan en un coro de iglesia. Entre más rápido muevo la mano derecha, más rápido tapo la voz de quien está cantando, y en un coro la guitarra no dirige nada, solo sostiene.

Antes de entender esto probé de todo para que sonara "lleno". Llegué a presionar las cuerdas con la yema completa del dedo en lugar de la punta, pensando que así el acorde se sostenía más tiempo, y lo único que lograba era tapar las cuerdas vecinas y que todo saliera apagado. Ese tipo de sonido metálico y sordo le pasa a más de un principiante, aunque la causa no siempre es la misma mano ni el mismo dedo.

Rasgueo básico de guitarra acústica: púa rozando las cuerdas antes del golpe hacia abajo en una balada

El silencio suena mejor que el rasgueo lleno

Con las baladas lentas el pulso se pierde de otra forma: no es que uno acelere sin querer, es que el tiempo muerto entre golpe y golpe es justo donde se cae el acompañamiento si no lo cuentas, aunque sea en voz baja o solo en la cabeza. Ahí es donde antes yo hubiera necesitado un metrónomo de verdad, y ahora simplemente cuento para mis adentros mientras rasgueo.

Los rasgueos básicos que uno aprende al principio ya traen ese hueco integrado, solo que casi nadie lo nota hasta que decide dejarlo sonar. Cándida, una compañera de la oficina, es la primera en compartir cada entrada nueva de este blog en su grupo de WhatsApp apenas la publico, aunque ella no toca guitarra ni le interesa aprender; dice que le gusta leer cómo me equivoco.

Marca el tiempo 1 y el tiempo 3, y suelta lo demás

Lo único que de verdad necesita sonar limpio en un compás de 4/4 lento es el primer golpe hacia abajo y el golpe del tercer tiempo. Si esos dos son firmes, el coro sabe exactamente cuándo entra, y todo lo demás, como el arriba, el relleno o la variación de la muñeca, es decoración que se puede quitar sin que nadie lo note.

Ese primer golpe también es el que se cae si todavía andas luchando por memorizar acordes de guitarra acústica cuando empiezas desde cero, antes incluso de pensar en el ritmo. A mí me costó separar las dos cosas: primero dónde poner los dedos, después, por separado, no atrasarme al llegar.

Afinador de guitarra acústica antes de acompañar música de iglesia con rasgueos básicos

La voz del coro no compite con la guitarra, la guitarra le cede el paso

Aquí es donde de verdad cambia todo: dejar que el piano o las otras voces llenen el espacio que mi guitarra deja abierto. Todavía no me siento listo para sostener una alabanza completa de principio a fin sin que alguien más lleve el peso, pero para una balada esto ya alcanza. Apenas puedo cantar y rasguear al mismo tiempo sin perder el hilo, así que prefiero que mi instrumento sostenga el pulso mientras las voces cargan la melodía completa.

A veces uso el capo para buscar un tono que no choque con el registro de quien dirige la alabanza; ya escribí antes sobre para qué sirve el capo en la guitarra y cómo usarlo en la iglesia, para cuando el instrumento necesita acomodarse sin pelear con nadie. Nada de esto pasa por acordes con cejilla, que sigo evitando en las baladas porque prefiero simplificar antes que arriesgar el ritmo.

Detecta si estás rasgueando de más

La prueba que uso antes de tocar cualquier alabanza es sencilla: toco el patrón completo mientras susurro la letra por debajo, y si en algún punto mi mano le gana a mi propia voz, o la tapa, es que metí un golpe de más y lo quito ahí mismo. No hace falta una rutina larga para esta prueba, apenas los minutos que me quedan entre que los niños se duermen y que se me cierran los ojos a mí.

Antes de cualquier prueba, claro, la guitarra tiene que estar afinada. Eso ya lo doy por hecho y no es algo que revise aquí cada vez. Lo que sí noto es el cuerpo: después de diez minutos sosteniendo un acorde en el cuarto traste, el dedo anular se me queda caliente y como dormido, un ardor que ya no me sorprende pero que tampoco se ha ido.

Yemas de los dedos marcadas después de practicar rasgueos básicos de guitarra cristiana

Lo que queda después de cada ensayo

Hace poco cambié a Mi menor en medio de una alabanza sin avisarle a nadie, uno de esos cambios que antes me hacía sudar frío, y el pastor, quien voltea cuando algo suena fuera de tono, ni se inmutó. Fue la primera vez que entendí, sin que nadie me lo dijera, que lo que había simplificado ya sonaba bien.

No soy un experto, ni pretendo serlo. Solo soy un hombre en Querétaro tratando de que su guitarra sirva para algo más que sonar ocupada: marca el primer tiempo, marca el tercero, deja que las voces respiren en medio, y si tu mano le gana a la letra, quita un golpe antes de que alguien más tenga que taparte a ti.

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