Rasgueo Diario

Consejos para mantener la afinación de la guitarra acústica si es barata

Plutarco Navarro me preguntó hace poco si la culpa de que una guitarra acústica barata no aguante la afinación es del instrumento, o de quien la toca, y lo hizo desde un grupo de Facebook donde varios aprendemos guitarra ya de grandes, cuarenta y tantos como yo, empezando de cero como principiantes tardíos. No le contesté de inmediato porque a mí también me costó entender que la respuesta no es tan simple como culpar al instrumento por no quedarse afinado.

Después de pelearme bastante con la mía, puedo decir que una guitarra barata sí se desafina más fácil que una buena, eso no tiene vuelta. Pero la mayoría de las veces el problema real no es el instrumento sino los hábitos con los que lo tratamos, cosas tan simples que a nadie se le ocurre revisarlas. Entender que la afinación no es un lujo de guitarras caras, sino la base para que cualquier instrumento suene como debe, fue lo primero que tuve que aceptar.

Antes de llegar a esto ya había tropezado con otra cosa: videos de YouTube que daban por hecho que yo sabía leer tablatura o partitura, y yo ni siquiera entendía por dónde empezar. Aprendí a los golpes, probando y fallando, y una de las cosas que probé mal al principio fue pensar que mi guitarra barata simplemente "no servía" para tocar en el Templo de San Francisco de Asís, donde acompaño los domingos. No es que no sirva. Es que pide otro trato, uno que nadie me explicó de entrada.

No son las clavijas, es cómo las giro

Las clavijas de mi guitarra son de esas con piezas de plástico que ya se notan cansadas, y cuando intento llegar a una nota aguda sueltan un crujido seco contra el engranaje que me pone los pelos de punta, como si algo estuviera por saltar. Durante mucho tiempo subía la cuerda directo hasta el tono que buscaba, y se quedaba "atorada" un segundo antes de soltarse de golpe a mitad de una canción. Ahora bajo la nota un poco primero y subo despacio hasta encontrarla, como si tuviera que convencer a la cuerda de quedarse ahí, hablándole bajito en la sala vacía mientras el café se enfría al lado de la silla donde siempre practico.

Primer plano de clavijas de plástico desgastadas en una guitarra acústica barata

Esta manera de girar despacio me ha servido para valorar lo que es usar una guitarra acústica barata para aprender música de iglesia. No se necesita el instrumento más caro del mundo para servir en un coro, pero sí hay que aprender las mañas del que se tiene entre manos, una por una, sin prisa.

Estirar las cuerdas antes de confiar en ellas

Las cuerdas nuevas tampoco se acomodan solas, aunque uno quiera creer que basta ponerlas y ya. Yo esperaba que se quedaran afinadas por su cuenta la primera vez que cambié un juego completo, y qué equivocado estaba. Fue Timoteo Villaseñor, el director del coro, quien me paró en seco un ensayo y me dijo que estirara cada cuerda como si quisiera despegarla de la guitarra. Me dio miedo romperlas la primera vez que lo intenté. Pero es parte del trato: si no se suelta esa tensión inicial a propósito, la guitarra se va a desafinar sola en el primer rasgueo fuerte de cualquier canción. Después de afinar, jalo cada cuerda con cuidado hacia arriba y vuelvo a afinar, dos o tres veces, hasta que deja de moverse por su cuenta.

Mano estirando una cuerda de guitarra para mejorar la estabilidad de la afinación

También aprendí, a fuerza de repetirlo, que la manera de enrollar la cuerda en el poste importa casi tanto como estirarla. Si se amontonan muchas vueltas una sobre otra se forma una especie de colchón que se va aplastando poco a poco, y la afinación cae sin que uno haga nada raro ese día. Prefiero dos o tres vueltas limpias, sin encimar, aunque eso signifique rehacerlo si no me gusta cómo quedó. Timoteo es paciente con los que vamos empezando, pero no perdona un tiempo flojo en los ensayos, así que más vale llegar con la guitarra ya estirada antes de que él se dé cuenta de que no lo hice. Esto es parte de lo que nadie te dice sobre aprender guitarra a los 40 años desde cero: que uno pasa mucho tiempo haciendo cosas que no son tocar, pero que son necesarias para poder hacerlo.

El clima de Querétaro desafina bastante

Sí, y más de lo que yo creía antes de pasar un agosto completo con esta guitarra. Durante las tardes secas de aquí la madera se mueve, no sé explicarlo con precisión ni me interesa demasiado el porqué técnico, pero sí sé que después de esos cambios la guitarra nunca suena exactamente igual a como la dejé guardada. Cuando la saco del estuche después de que ha pasado un buen rato ahí metida, lo primero que me llega no es el sonido de las cuerdas sino ese olor a cartón viejo que se le queda pegado por dentro al forro, y para entonces ya sé, antes de tocar nada, que voy a tener que afinarla desde cero otra vez.

El mito del grafito en la cejuela

Aquí es donde casi arruiné mi guitarra haciendo caso a un consejo que suena lógico en cualquier foro de internet: lubricar las ranuras de la cejuela con el grafito de un lápiz común, para que la cuerda no se atore al afinar. En una guitarra cara, con una cejuela de un material duro, a lo mejor funciona. En la mía, donde la cejuela es de un plástico blando, el grafito no solo ayuda a que la cuerda deslice, sino que actúa como una lija fina que va ensanchando el surco poco a poco. Y un surco más ancho significa una cuerda que ya no se asienta firme en su sitio, sino que se mueve de lado a lado cada vez que rasgueo fuerte, y eso se traduce directo en una afinación que no aguanta ni una canción completa.

Detalle de la cejuela de una guitarra acústica mostrando los surcos de las cuerdas

La cuerda de Re fue la primera en delatarme, empezó a sonar con un trasteo horrible que ya es otro tema para otro día. Lo que importa aquí es que lubricar la cejuela con grafito en una guitarra barata suele empeorar justo lo que se quería arreglar, porque ensancha el canal y la cuerda termina bailando en vez de quedarse quieta. Ahora limpio las ranuras con un hilo dental viejo, nada más, sin meterle química ni carbón que mi guitarra no tiene por qué procesar.

Mantener una guitarra acústica barata afinada no es tenerla perfecta

Ese es el mito más grande de todos, el que casi me hizo pensar que debía cambiar de guitarra antes de aprender nada. La verdad es que con estos cuidados, afinar despacio, estirar las cuerdas nuevas, limpiar en vez de lubricar con grafito, mi guitarra aguanta un ensayo entero sin sonar a desastre, y eso ya es suficiente. Ya no entro en pánico si siento que una cuerda se mueve un poco a media canción, simplemente ajusto entre una y otra, con calma.

El otro día, después de un ensayo largo en el Templo de San Francisco de Asís, regresé la guitarra a su gancho de siempre, al lado de la entrada, y noté algo que no esperaba: los dedos no me ardían como antes de empezar con esto. No sé si fue porque ya se acostumbraron o porque por fin dejé de peleármela de más con el instrumento. El mantenimiento real de una guitarra acústica barata no está en ningún tutorial con pasos numerados. Está en aceptar que el instrumento pide su manera particular de que lo cuides, y una vez que uno se acostumbra a eso, no es tan distinto de aprender cualquier otra cosa tarde en la vida.

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